frece en alquiler a compañías privadas, en principio por 50 años ampliables a otros 25. Los inmuebles se encuentran en distintos estados de abandono, por lo que convertirlos en hoteles costará millones.
Las propiedades del listado incluyen la prisión de Santo Stefano en la isla de Ventotene, en la Bahía de Nápoles, una cárcel histórica en la isla de Procida y un castillo en primera línea de playa en la ciudad costera de Gaeta, al sur de Roma; así como dos islas en la laguna de Venecia.
Poveglia
es el lugar de una antigua estación de cuarentena para enfermos de
peste y hospital de salud mental, deshabitado desde hace años. En la
lista también se encuentra el palacio arzobispal de Trieste, antiguos cuarteles del ejército en Módena y Parma, y palacios en el Piamonte.

El proyecto ha sido promovido por la Agencia Estatal de la Propiedad, que ha incluido en el citado listado 63 edificios susceptibles de convertirse en hoteles boutique.
De hecho, ya han comenzado las negociaciones para alquilar 28 de ellos,
mientras que el resto se hará público en los próximos meses. El coste
del alquiler, sin embargo, aún no se ha fijado.
Se prevé que para finales de año puedan cerrarse los primeros acuerdos, según ha confirmado el director de la Agencia, Stefano Scalera, en la presentación del proyecto en Roma.
En mi opinión creo que es una idea fantástica y que deberían seguir como ejemplo otros países, ya estén en deuda o no, porque el turista agradece hospedarse, comer o simplemente disfrutar de un establecimiento con historia y propio carisma.
Buena idea para mantener algunos edificios emblemáticos.
ResponderEliminarEsto es algo que deberían hacer todos los países para poder conservar lugares relevantes y además darles un uso muy importante como es el turismo.
ResponderEliminarHola!
ResponderEliminarQué buena idea sí señor, veo estupendo que nos copien una iniciativa tan importante para el turismo y no solo porque estos lugares servirán de alojamiento para la gente, creando puestos de trabajo y fomentando el sector turístico sino porque es una pena que edificios emblemáticos o importantes hayan dejado de ser útiles a la sociedad por algún motivo y hayan acabado en el abandono.